Opinión

La gran musa vacila a Ciri

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 17 de Octubre del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Foto: Julián Sánchez Moya Foto: Julián Sánchez Moya

El fresco vespertino va tomando fuerza por días. Manga larga en la camisa y chaqueta o rebeca. El centro del día nos engaña subiendo las temperaturas lo que, según Ciri, aumenta las posibilidades de constipados, faringitis y otras afecciones propias del otoño.

—Hoy bien caliente el café, por favor —ruega a Manolo el camarero antes de sentarse.

—El viernes pasado, querido compañero, viniste muy ufano, porque te habían regalado un poema, me lo leíste y lo disfrutamos. Hoy traigo otro que también me han regalado, a ver si te gusta. Te lo he traído en papel por si quieres conservarlo; he hecho más copias.

Del bolsillo de la chaqueta extraigo un folio doblado, lo despliego y se lo doy. Lo toma y con suma atención lee en silencio:

 

EL SILENCIO HABITA MI CORAZÓN

“El silencio habita mi corazón

como la noche habita los caminos,

sin llamar a la puerta,

sin hacer ruido,

dejando en cada sombra

la huella de lo que no digo.

 

Hay palabras dormidas

bajo la piel de los recuerdos,

nombres que aún pronuncia el alma

cuando nadie escucha,

y una tristeza leve

que se sienta conmigo al atardecer.

 

He aprendido a convivir

con este silencio mío,

a escuchar lo que calla,

a entender sus pausas,

sus largas madrugadas

y su manera de abrazarme

cuando todo se desvanece.

 

Pero entonces comprendo

que también el silencio habla:

dice lo que el corazón no puede,

guarda lo que el tiempo no borra

y custodia, como una llama,

aquello que todavía amo.

 

Dejo que el silencio habite mi corazón,

porque quizá en su hondura

esté la única voz

que todavía sabe

quién soy.”

 

—¡Precioso! ¡Me ha encantado! Quién te lo haya regalado es un o una gran poeta, no me cabe duda. Qué sentimientos y qué bien expresados, con ritmo en los versos. Habla sin nombrar sentimientos encontrados. Dale la enhorabuena de mi parte a quien lo haya escrito.

—Va a ser difícil, pero lo intentaré cualquier día de estos.

Me entretengo disfrutando del bocado de magdalena que acabo de cortar maridado con sorbo largo de café. En este momento lanzo una mirada a mi amigo por  la línea que queda entre mis cejas y la taza. Él aplicado también con los manjares del plato. Julián desde su situación nos observa, no ha podio leer el contenido del folio, por eso le he traído también una copia.

No aguanto más y al ritmo de una risa contagiosa le susurro a poca voz:

—¡Cuantos poemas, narraciones, artículos periodísticos o escritos habrás leído salidos de la misma mente que esta poesía!

—No reconozco el estilo de ningún escritor de los que sigo. Aclárame algún detalle más.

—Se trata de una maestra que no trabaja en ningún colegio.

—Conozco algunas maestras que están jubiladas y escriben, pero no me cuadra con ninguna.

—Enseña ortografía, gramática, sintaxis sin cobrar.

—Este paso me limita las posibilidades de acierto.

—A mí me ha ayudado a descubrir en clase cuándo un trabajo había sido copiado.

—¿Alguna compañera tuya? Me rindo. Con esos datos que me aportas cada vez estoy más despistado. No caigo de ninguna manera.

—Tu despiste es más grande, porque estás pensando en una persona.

—¡Ea! No voy a pensar en una máquina.

—Casi, casi. Son las máquinas (ordenadores, computadoras, teléfonos, tabletas) quienes la poseen y desde donde se utiliza.

Observo que la cara de Ciri está tomando un color granate. La necesidad que tiene de acertar hace que su mente funcione a tope; no encontrar la solución lo enfada sobremanera. No le hago penar más.

—Amigo del alma me estoy refiriendo a la IA (Inteligencia Artificial).

—¡Claro! ¿Cómo no he caído antes? Es evidente, la IA.

—Efectivamente. Es una herramienta útil para miles de circunstancias, situaciones, trabajos, los ingenieros la utilizan a diario… Hay gente que incluso le tiene miedo, igual que a cualquier invento importante en la historia de la humanidad. Haz recuento y verás.

—El mal uso de ella, no ella, es el que puede traer malas consecuencias, como igualmente pasa con todo invento o herramienta fundamental.

—Uno de los malos usos, para mi opción es el que hace bastante gente que escribe. Para los que estamos en ese mundo se evidencia enseguida, huele a distancia el artificio. Hay personas que escriben textos con faltas de ortografía, sintaxis, malas expresiones y a la vuelta de una semana se expresan como podría hacerlo un intelectual universitario, pero… ese escrito no es suyo, solo lo firma. Se lo ha escrito la “máquina”.

Ciri acaba de dar una carcajada importante y me señala con el dedo una y otra vez.

—¡Evidente querido Watson… El poema del principio que decías, te habían regalado…, lo has hecho con IA!

—Cierto de todas, todas… Así es, de lo cual doy fe. Por eso lo he traído. Los buenos escritores, poetas, novelistas, narradores, periodistas, etc.,  nunca nos engañarán firmando textos que no son suyos, sino de la IA. No cambiarán su musa, su inspiración, su punto místico por un producto de máquina por muy perfecto que sea.

—Te toca invitar por lo que he penado —exige Ciri—, hasta encontrar la solución.

Lo hago con gusto y con cariño.

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