Jesús Puerta Pelayo lleva más de 25 años dedicado a la física
de partículas y conoce desde dentro uno de los grandes proyectos
científicos del mundo: el Gran Colisionador de Hadrones (LHC)
del CERN, en Ginebra. Forma parte de la colaboración CMS,
uno de los experimentos que hicieron posible el descubrimiento del bosón
de Higgs en 2012.
Pero su trabajo no termina en el laboratorio. Desde el CIEMAT y su colaboración con Radio Nacional de España, dedica buena parte de su tiempo a divulgar el conocimiento científico. En Los Magníficos, el espacio de la Cadena SER de Alcázar en el que colabora La Voz de Tomelloso, conversó este miércoles con Desirée Perea y Francisco Navarro sobre su vocación, las aplicaciones de la investigación y la preocupación por el avance de la desinformación. Una charla en la que también hubo espacio para el humor y para reivindicar el pensamiento crítico.
De niño desmontaba aparatos para averiguar cómo funcionaban y miraba al
cielo preguntándose por las estrellas, el Sol y los planetas. Aquella
curiosidad terminó llevándolo a la física de partículas y al CERN,
donde comenzó a trabajar en el año 2000.
Una aventura científica
Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid
e investigador del CIEMAT, Puerta encontró en la Física el
camino para satisfacer su curiosidad por comprender cómo funciona el mundo.
Tras completar su formación con estancias en centros de investigación europeos,
se especializó en el estudio de las partículas elementales,
los componentes más pequeños de la materia.
Desde el año 2000 forma parte de CMS (Compact Muon Solenoid),
uno de los grandes experimentos del Gran Colisionador de Hadrones
del CERN, cerca de Ginebra. Participó en el diseño, la
construcción y la puesta a punto de su detector central de muones y ha seguido
vinculado a la operación del experimento y al análisis de los datos que genera.
Su trabajo combina tareas muy distintas, desde el desarrollo de detectores
de partículas y componentes electrónicos hasta el análisis de
resultados, la elaboración de publicaciones científicas y la presentación de
investigaciones en congresos internacionales. Esa variedad es una de las cosas
que más valora de su profesión.
«El gran reto que te supone dedicarte a la investigación es que cada
día no sabes lo que te vas a encontrar», explica. La incertidumbre
forma parte de una carrera en la que los proyectos tienen plazos y necesitan
financiación, pero no resta atractivo a su trabajo. «Yo siempre digo
que me engañan en el sueldo, pero no en el trabajo», bromea. Y añade
que «es muy gratificante. Cada día es un nuevo reto y es muy divertido.
Es una aventura».
Del bosón de Higgs a la vida cotidiana
Puerta vivió desde dentro uno de los grandes hitos de la física
contemporánea: el anuncio, en 2012, de las primeras evidencias del bosón
de Higgs por parte de los experimentos CMS y ATLAS.
El descubrimiento confirmó una pieza fundamental del modelo estándar de
la física de partículas y fue reconocido al año siguiente con el Premio
Nobel de Física, concedido a François Englert y Peter
Higgs por la teoría que predijo su existencia.
El hallazgo fue fruto de años de trabajo y de la colaboración de miles de
especialistas. Pero la investigación en física de partículas no se limita a ampliar
nuestro conocimiento del universo. También ha impulsado tecnologías que hoy
tienen aplicaciones prácticas.
¿Para qué sirve estudiar partículas que no podemos ver? Puerta responde con
una anécdota atribuida a Michael Faraday. Cuando el científico
explicó a un ministro británico los principios de la inducción
electromagnética, este le preguntó para qué servía su descubrimiento.
Faraday habría contestado que todavía no lo sabía, pero que algún día el
ministro acabaría cobrando impuestos por sus aplicaciones.
La historia ilustra una de sus convicciones: la ciencia básica
no siempre puede ofrecer resultados prácticos inmediatos. «Simplemente
con el avance del conocimiento, el satisfacer la curiosidad y el ser más humano
por conocer mejor lo que nos rodea tendría que ser suficiente»,
sostiene.
Las aplicaciones, sin embargo, terminan llegando. Las tecnologías
desarrolladas para los detectores y aceleradores de partículas
han contribuido a mejorar técnicas de diagnóstico médico y
tratamientos contra determinados tumores mediante haces de partículas e iones
pesados.
La tomografía por emisión de positrones (PET) es uno de los
ejemplos. Esta técnica utiliza positrones, las antipartículas
de los electrones, y se basa en el conocimiento de las propiedades de la antimateria.
«Si no conociésemos de base cómo funciona la antimateria, cuáles son
sus propiedades y de dónde sale, no podríamos aprovecharnos de esa tecnología»,
explica.
También recuerda que la World Wide Web (WWW) nació en el CERN
para facilitar el intercambio de información entre investigadores. Una
herramienta concebida para resolver una necesidad de comunicación científica
terminó transformando la forma de compartir información en todo el mundo.
La ciencia, más allá del laboratorio
Además de investigar, Jesús Puerta coordina la Unidad
de Divulgación Científica del CIEMAT, el Centro de
Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas. Desde
allí contribuye a acercar al público investigaciones de campos tan diversos
como las energías renovables, la fusión nuclear,
la biomedicina o el cambio climático.
Su actividad divulgadora incluye charlas, encuentros con estudiantes y formación para docentes. También colabora desde hace más de diez años en A hombros de gigantes, el programa de divulgación científica de Radio Nacional de España.
Puerta considera fundamental que el conocimiento no se quede dentro de los
centros de investigación. Esa tarea de divulgación ha cobrado una importancia
especial ante el avance de los discursos que cuestionan las evidencias
científicas.
La necesidad de defender la investigación, el razonamiento y las evidencias
científicas frente al negacionismo es una realidad que Jesús Puerta no esperaba
encontrar cuando comenzó su carrera. Entonces, la divulgación apenas ocupaba un
lugar destacado en la actividad científica. Con el tiempo, las instituciones
empezaron a impulsar la comunicación con el público, pero la proliferación de
discursos que cuestionan el conocimiento científico ha abierto nuevos frentes. «Últimamente
estamos empezando a ver discursos un poco reaccionarios que no podíamos ni
imaginar, que estuviésemos dando pasos hacia atrás», advierte.
Le preocupan el negacionismo del cambio climático, los
discursos contrarios a las vacunas y teorías como el terraplanismo.
Las redes sociales amplifican afirmaciones sin respaldo
científico que después resulta difícil desmentir. «Tú lanzas un bulo y
el bulo cuesta mucho desmentirlo si cala en un nicho pequeño de la sociedad»,
explica.
Por eso cree que ya no basta con divulgar de forma pasiva, los científicos
también tienen que responder a los mensajes que tergiversan los datos. La
ciencia, sostiene, no debería convertirse en una cuestión de bandos políticos.
Sus conclusiones deben apoyarse en evidencias científicas contrastables,
no en preferencias ideológicas.
«Yo a la gente le pido que tenga espíritu crítico y que no se crea
todo», afirma. No se trata de desconfiar indiscriminadamente, sino de
comprobar las fuentes y averiguar de dónde procede cada afirmación.
Una experiencia personal puede ser sincera, pero no demuestra por sí sola
que un producto funcione ni que exista una relación de causa y efecto. Para
establecerlo hacen falta estudios científicos, análisis y
resultados contrastados. «Todo eso está soportado por estudios, por
análisis, por un método científico, por estudios contrastados»,
recuerda.
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Miércoles, 21 de Octubre del 2026
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