Deporte

La larga cabalgada de Carlos García

El veterano futbolista del Yugo UD Socuéllamos repasa una carrera marcada por el esfuerzo, la polivalencia y el cariño recibido en los vestuarios

Carlos Moreno | Viernes, 6 de Noviembre del 2026
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Carlos García es uno de esos futbolistas que forman parte de la historia reciente del fútbol provincial. Su recorrido comenzó muy pronto, cuando todavía era juvenil de primer año y, con apenas 16 años, debutó en Tercera División con el Tomelloso. A partir de ahí, y tras su paso por la cantera del Málaga CF, su carrera discurre por algunos de los equipos más representativos de la provincia de Ciudad Rea: Puertollano, Socuéllamos, Manzanares, Tomelloso, Gimnástico de Alcázar y Villarrubia han sido algunas de las estaciones de un camino que se prolonga ya durante dos décadas y que todavía no ha llegado a su destino.

Su primera salida importante llegó con el fichaje por el Málaga, donde permaneció una temporada y media. Después regresó a Castilla-La Mancha para incorporarse al Puertollano, entonces en Segunda B, con el que había firmó por dos temporadas. Sin embargo, a mitad de aquella primera campaña salió cedido al Socuéllamos, antes de regresar al conjunto industrial, donde tuvo pocas oportunidades.

Posteriormente pasó por el Manzanares y regresó al Tomelloso en una etapa complicada, marcada por las dificultades económicas del club. Más tarde fichó por el Gimnástico de Alcázar y volvió a encontrar en el Socuéllamos un escenario importante para su carrera. Allí vivió uno de los grandes momentos de su trayectoria: el ascenso desde Preferente a Tercera y, posteriormente, el histórico salto a Segunda B tras superar al Linares en la promoción.

Fueron tres temporadas en Segunda B, a las que se sumaron otras dos en Tercera, disputando dos eliminatorias de ascenso que se escaparon en la última ronda, frente a Unionistas de Salamanca y Mérida. Su siguiente destino fue el Villarrubia, donde permaneció cinco temporadas, dos de ellas en Segunda B. Hace tres años regresó al Socuéllamos, donde continúa defendiendo la camiseta azulona con su conocido compromiso y entrega.

Veinte años después de aquellos primeros pasos, Carlos García sigue teniendo ganas de fútbol. “Intenta prolongar mi carrera todo lo posible porque estoy convencido de que echaré mucho de menos el fútbol cuando llegue el momento de dejarlo. Mi objetivo es acercarme lo máximo posible a los 40 años, siempre que el cuerpo responda y las lesiones me respeten”,señala.

Para conseguirlo, considera importante cuidarse, aunque sin llegar a obsesionarse con la alimentación y otros aspectos de la preparación física. Se define como un futbolista que “procura mantener buenos hábitos, pero que también sabe permitirse algún capricho, lejos de la disciplina casi milimétrica que veo en algunos compañeros”.

Una carrera que pudo llegar más arriba

Al echar la vista atrás, Carlos admite que le habría gustado alcanzar el fútbol profesional y probar suerte en Segunda División A. Sin embargo, entiende que llegar a ese nivel no depende exclusivamente de las condiciones deportivas. “También influye la suerte, los entrenadores y las personas que aparecen en el camino de un futbolista”, subraya.

Recuerda que desde muy joven dio pasos importantes y que incluso durante su etapa infantil ya jugaba con juveniles. Una precocidad que, vista con perspectiva, también le hizo perderse parte de la experiencia de disfrutar de determinadas etapas formativas. Precisamente esa es una de las cosas que más echa de menos cuando recuerda sus primeros años.

En cualquier caso, VOY se muestra satisfecho con el camino recorrido y con la consideración que ha recibido en los diferentes clubes. En ese sentido, se define como una persona directa, transparente y sin dobleces. Cree que su forma de ser le ha permitido ganarse el respeto y el cariño de compañeros y aficionados, porque siempre ha intentado mostrarse tal y como es, sin esconder nada ni actuar por detrás de nadie.

Un futbolista para casi todas las posiciones

La polivalencia ha sido otra de las señas de identidad de Carlos García. Durante su carrera ha ocupado diferentes posiciones, aunque sus primeros años estuvieron más vinculados al centro del campo y a la banda derecha. Con el paso del tiempo fue retrasando su posición hasta asentarse como lateral, un puesto en el que reconoce haber disfrutado especialmente.

De hecho, considera que algunas de sus mejores temporadas llegaron precisamente jugando en esa demarcación. Una posición que le permitió aprovechar una de sus principales virtudes: el recorrido físico, la capacidad de esfuerzo y las continuas incorporaciones al ataque. A estas alturas de su carrera, sigue estando disponible para jugar donde el equipo lo necesite, aunque se considera, por encima de todo, un lateral con una trayectoria bastante buena.

Si tiene que elegir un club con el que se siente especialmente identificado, el nombre del Socuéllamos aparece de manera natural. No es una elección casual. Carlos recuerda especialmente aquella época en la que el equipo comenzó a enganchar a la afición y protagonizó una etapa deportiva extraordinaria.

Cuando regresó después de su paso por el Gimnástico de Alcázar, el ambiente en el Paquito Giménez todavía no era el de los grandes días. Sin embargo, la disputa del playoff y, sobre todo, las temporadas en Segunda B transformaron la relación del equipo con su entorno. El estadio comenzó a reunir a un millar de espectadores y el Socuéllamos recibió a filiales de clubes importantes como Athletic Club, Real Madrid y Atlético de Madrid. Aquella etapa contribuyó a crear una conexión especial con la afición.

No obstante, Carlos tampoco olvida sus cinco temporadas en Villarrubia, donde asegura que estuvo muy a gusto, ni su paso por el Gimnástico de Alcázar, del que guarda el recuerdo de un año especialmente bonito, pese a que no consiguieron clasificarse para el playoff.

Fuerza, técnica y buenos compañeros

Su larga permanencia en el fútbol competitivo tiene mucho que ver con sus condiciones físicas. Carlos ha sido siempre un jugador de fuerza, despliegue y recorrido, pero no considera que esas características puedan explicar por sí solas la longevidad de una carrera deportiva.

A su juicio, la fuerza y la técnica deben ir de la mano. Entiende que un futbolista con buenas condiciones físicas puede mantenerse durante años en categorías como Tercera División, pero cree que, si carece de recursos técnicos, difícilmente podrá prolongar tanto tiempo su trayectoria. La combinación de ambas cualidades es, por tanto, la verdadera clave para mantenerse en el fútbol durante tantos años.

A lo largo de ese recorrido también ha tenido la oportunidad de compartir vestuario con futbolistas de gran nivel. Entre ellos destaca especialmente a Antonio Cañas, compañero durante las primeras temporadas del Socuéllamos en Segunda B. Recuerda su extraordinaria calidad y, sobre todo, la facilidad que tenía para colocar el balón donde quisiera durante los entrenamientos y los ejercicios de finalización.

También guarda un recuerdo especial de Antonio Calle y Diego Rivas, con quien coincidió en aquella campaña en la que el Socuéllamos consiguió disputar el playoff de ascenso a Segunda División. Una experiencia que, vista con perspectiva, todavía le parece extraordinaria, teniendo en cuenta lo difícil que parecía imaginar al conjunto socuellamino compitiendo por alcanzar el fútbol profesional.

El fútbol, una herencia familiar

La relación de Carlos con el balón viene prácticamente desde la cuna. Su padre fue portero y su tío Ismael, futbolista, dos referencias familiares que influyeron en sus primeros contactos con este deporte.

De pequeño se fijaba mucho en su padre y, con apenas dos o tres años, ya estaba dando patadas a una pelota. De hecho, su primera intención fue convertirse en guardameta, pero la experiencia de su padre terminó convenciéndole de que eligiera el camino de jugador de campo. Le hizo ver la enorme responsabilidad que supone defender una portería y cómo los errores de un portero suelen tener una repercusión mucho mayor.

También recuerda las visitas a Socuéllamos cuando tenía cinco o seis años para ver jugar a su tío Ismael. Imágenes y experiencias que fueron alimentando una pasión que, veinte años después, continúa muy presente.

En su formación tuvo la suerte de coincidir con numerosos entrenadores que dejaron huella. Desde Julián, en la Escuela de Fútbol de Tomelloso, hasta Luis Sánchez y Ramón Palacios, pasando por Vicente Aguado, con quien coincidió en el Tomelloso B. También recuerda a Ignacio Galindo durante su etapa juvenil en Liga Nacional y, de manera especial, a Jesús Úbeda, que fue uno de los técnicos que más confió en él y que apostó por los jóvenes cuando se hizo cargo del primer equipo.

De una etapa más reciente destaca a Javi Sánchez, con quien trabajó durante sus dos primeras temporadas en Segunda B con el Villarrubia, y al que considera una persona y un entrenador sobresaliente. También reconoce el trabajo de Ángel García Cosín, un técnico al que recuerda por su dedicación y por la actitud positiva con la que afrontaba cada entrenamiento.

¿Y después del fútbol?

Aunque cuenta con los niveles 1 y 2 de entrenador, Carlos García no tiene, por ahora, demasiada vocación de sentarse en un banquillo. Reconoce que muchos compañeros le han preguntado si piensa continuar vinculado al fútbol desde esa faceta, pero admite que todavía no se ve como primer entrenador.

Quizá podría imaginarse desempeñando funciones de segundo técnico o ayudante, aunque tampoco es algo que tenga decidido. No descarta que su planteamiento pueda cambiar en el futuro y que llegue a sacarse el nivel 3, pero considera que, después de tantos años jugando, todavía no se ve al otro lado de la línea de banda.

El reto de construir un nuevo Socuéllamos

En el presente más inmediato, Carlos García centra su atención en la situación del Yugo UD Socuéllamos. El equipo está teniendo dificultades para encontrar la regularidad, algo que el futbolista explica, fundamentalmente, por la profunda renovación de la plantilla.

De hecho, Rodri y él son los únicos jugadores que continúan respecto a la temporada anterior. Una circunstancia que obliga a construir prácticamente un equipo desde cero, con futbolistas que llegan de diferentes procedencias y que necesitan tiempo para conocerse, entenderse y adquirir automatismos.

Carlos considera que la Tercera División es una categoría muy exigente y que la clasificación está demostrando la importancia de mantener una base de jugadores durante varias temporadas. Pone como ejemplo a equipos como el Villarrubia y el Noblejas, que han conseguido situarse en una buena posición gracias, entre otros factores, al conocimiento mutuo y al trabajo acumulado durante años.

Su reflexión es sencilla: un equipo no se construye de la noche a la mañana. Hace falta tiempo, convivencia y trabajo para que los futbolistas sepan lo que tiene que hacer cada compañero sobre el terreno de juego.

Mientras tanto, Carlos García continúa con su particular cabalgada. La de un futbolista que ha recorrido buena parte del fútbol provincial, que ha conocido ascensos, playoffs, temporadas en Segunda B y también momentos complicados. Un jugador que ha encontrado en el esfuerzo y la polivalencia sus mejores aliados y que, lejos de pensar todavía en la retirada, sigue disfrutando de aquello que empezó siendo apenas un niño: jugar al fútbol.


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