Tomelloso

Santiago Arroyo: “Todo lo que hizo El Obrero fue por su pueblo, Tomelloso”

Francisco Navarro | Martes, 10 de Noviembre del 2020
Santiago Arroyo en una foto de archivo Santiago Arroyo en una foto de archivo

Este martes se está celebrando en Tomelloso el 150 aniversario del nacimiento de una figura sin parangón, Francisco Martínez Ramírez, El Obrero. Coincidiendo con esta señalada fecha, Santiago Arroyo Serrano presenta —de manera virtual, dada la situación sanitaria— el libro “El Obrero de Tomelloso (1870-1949). Pensamiento y acción reformista en La Mancha”, editado en la Colección Biografías de Castilla-La Mancha.

Charlamos con Arroyo de la figura de este pionero, adelantado a su tiempo, que lucho por el progreso de La Mancha y de Tomelloso. Ser trata de la primera biografía que ve la luz sobre este personaje que ha sido el artífice del Tomelloso que conocemos. Una persona que todo lo que hizo fue por su pueblo, según nos descubre el autor.

—¿Por qué ha elegido a El Obrero?

—Siempre me ha llamado la atención. Ha sido un referente que hemos tenido en Tomelloso, más allá de los vivos. Siempre se ha dicho que somos un pueblo sin historia y el hecho de que El Obrero tenga un monumento en la ciudad indica que algo debería haber hecho

Me sorprendió el título de uno de sus libros “Verdad increíble. El periodo rojo en España (1936-1939)” y pregunté por él en la Biblioteca Municipal. Yo tendría unos dieciocho años y me dijeron que no podía acceder al libro. Aquello despertó aún más mi curiosidad por esa figura. A partir de ahí me puse a investigar por mi cuenta y cuando acabé la carrera me presenté en el Ayuntamiento con un certificado del Decano y un profesor de Historia de la Filosofía. El alcalde de entonces, Carlos Cotillas, me atendió muy bien, pero me dijo que la documentación que pedía estaba en muy mal estado y no podía trabajar con ella.

—Y aún así, siguió investigando sobre El Obrero.

—Me empecé a mover y contacté con familiares y amigos que me contaron cosas muy interesantes. También hablé con los familiares de Melquiades Álvarez “su jefe”, como él decía. Y empecé a trabajar. Publique en El Día, en los especiales de feria de Lanza, intentando complementar lo que había hecho Jesús Rincón, que era el único que había escrito sobre El Obrero.

—Tengo entendido que los últimos años de la vida de Francisco Martínez Ramírez fueron muy amargos.

—Conocí a algunos familiares que me contaron que sus últimos diez años los dedicó a sobrevivir y a escribir. No hacía otra cosa ya que su ilusión era contar toda la historia de lo que había vivido. Con respecto al tema político, como explica Paco Alía, él era un republicano de derechas lo que le permitió tener algunos amigos en el régimen franquista que lo apoyaron. A pesar de que no pudo mantener su estatus, no tuvo que exiliarse como fue el caso de su gran amigo Antonio Zazaya.

En ese sentido hemos descubierto documentos, cartas y apuntes en los que deja constancia de como su pueblo lo olvidó. La verdad es que esos últimos años, en los que intentaba que le pusieran una pequeña paga para poder vivir, después de todo el progreso que él había traído a Tomelloso, hace llorar.

—Con “El Obrero de Tomelloso (1870-1949). Pensamiento y acción reformista en La Mancha”, ¿usted viene a enmendar el desconocimiento sobre una gran figura?

—Me parecía que Tomelloso había perdido la memoria. Compartí esa inquietud con amigos ilustres como Dionisio Cañas que me animaron a seguir. En 2011 el Ayuntamiento envió documentación a la UCLM porque el profesor Francisco Alía iba a escribir una biografía de El Obrero como así hizo.

Continué trabajando, descubrí nuevo material, me fui a Huesca a seguir su etapa como gobernador en aquella provincia. Investigué en los archivos ferroviarios y visité los lugares donde El Obrero dejó su rastro. Encontré el único ejemplar de “El centro de España”, un periódico que fue la continuación de “El Obrero de Tomelloso” y que doné al Ayuntamiento de Alcázar. Una publicación que sirvió para que Melquiades Álvarez fuese diputado, lo que permitió la consecución del tren. He reunido muchas piezas de un puzle.

El libro surgió porque siempre se ha dicho que Tomelloso no tiene historia. Por intentar ir a la historia más allá de los contemporáneos, de los apuntes de Pavón y de los tópicos. El Obrero fue el que trajo el ferrocarril, pero había mucho más detrás. Cada cosa que descubría me animaba más a seguir profundizando en la figura de Francisco Martínez Ramírez. Espero que sea el primer trabajo sobre él porque hay muchísimo.

—El Obrero fue una gran figura de su época.

—Estuvo a punto de ser ministro cuando, desde Tomelloso, organizó el golpe de estado de la “Sanjuanada” en Valencia. De hecho, se tuvo que exiliar a París. Es un personaje muy interesante. A mí, que no soy experto en historia, la parte que más me ha interesado es la de la identidad local.

La visión de Tomelloso que tenemos hoy y su idiosincrasia, él la escribe en sus textos inéditos. Después de la Guerra Civil, El Obrero recopila historias y formas de ser. Eso lo heredan Pavón o Eladio Cabañero. No en vano, fue el educador de la ciudad, con “El Obrero de Tomelloso”, la creación del orfeón o del Círculo Instructivo.

Además, fue a Estados Unidos a buscar financiación para el proyecto del ferrocarril. Prácticamente él fue la referencia para todos los trenes de menos de 25 kilómetros que se construyeron después en España


—La investigación habrá tenido recompensas, ¿no es así?

—He encontrado su primer libro “Mancha de oro”, manuscrito. En él hace una reflexión sobre La Mancha y el potencial que tiene. Muchos de los proyectos de El Obrero, como el pantano de Peñarroya, se han cumplido. Curiosamente nunca quiso meterse en política, fue el azote de los políticos locales.

—Pero fue gobernador de Huesca.

—Por su carácter templado y porque estaba ganado muchos enteros con la expropiación del ferrocarril por parte de la República, lo mandaron lejos. A Huesca como gobernador con su hijo de secretario. Dimitió del cargo porque lo llamó Indalecio Prieto acusándolo de haber tirado un cargamento de armas de socialistas al río. Sus enemigos eran los socialistas y los comunistas, contra lo que intentó luchar. Si hubiese sido ministro hubiese evitado la Guerra Civil por su talante conciliador.

—¿Fue importante “El Obrero de Tomelloso?

—A “El Obrero de Tomelloso” estaba suscrita la práctica totalidad de la clase política nacional. Era una publicación que circulaba con normalidad por el Congreso de los Diputados porque era el periódico de referencia en los temas agrarios.

—Francisco Martínez fue también un reconocido mecenas.

—Cuando construyó Mirasol hizo un estudio para que Antonio López Torres pudiese pintar, de hecho, muchos de los paisajes están hechos desde allí.

—Una de las quejas recurrentes de la familia de El Obrero es que no se haya publicado su obra completa y que el amor que profesaba a Tomelloso no fuese correspondido.

—No sé porque extraña razón sus obras completas no están al alcance del pueblo. En su pluma hay una humanidad desbordante. Desde que empecé con la figura de El Obrero, hace más de quince años, ha sido una de mis reivindicaciones, que su obra esté al alcance de todo el mundo. Además, era un gran lector.

Por otro lado, hay una biografía de su hijo que donó al Ayuntamiento y a la semana se hizo un Pleno Extraordinario para devolvérsela.  El Obrero cuenta en “Verdad increíble”  —y yo reproduzco en mi libro algunos pasajes— lo que pasó en su época, no solo en la provincia. Esa obra podría ser un referente a nivel nacional. El Obrero es un personaje importantísimo y por alguna razón política, parece que no es ni de los unos ni de los otros, se ha quedado sin voz. He percibido más interés en Huesca por él que en su tierra. Hay que decir que hizo muchos favores y después, a él lo dejaron abandonado. Elaboró una lista de lo que el llamaba “Sanchos” que fueron los que no apoyaron el proyecto del tren.

—¿Es el Tomelloso del siglo XXI hijo de El Obrero?

Totalmente. Si oyes a un político actual hablar de lo que quiere hacer, ya lo dijo él y se puede ver en el libro. El problema del tren, del aislamiento de Tomelloso, ya lo denunciaba él. La imagen de Tomelloso que hay en España la ha proyectado él, porque al final es lo que ha quedado.

Además, Francisco Martínez Ramírez lo hacía todo por su pueblo. Cuando la gente lea el libro va a poder apreciar la gran generosidad de este hombre. El carácter emprendedor de Tomelloso es obra de El Obrero, lo trasmitió a través del periódico y del Círculo; fue el emprendedor más grande que ha tenido la ciudad. Las grandes fortunas de hoy viene también de aquella época. Es verdad que todo lo que hizo El Obrero fue por su pueblo, por Tomelloso.

Fíjese, él luchaba porque Tomelloso fuera la cabecera de la comarca. En 1934 intentó que los almacenes de la Campsa se instalarán en Tomelloso, se llegó a reunir con Azaña. Pero, al final, se pusieron en Alcázar. Esa historia se repite, los de Tomelloso son los que trabajan, pero los premios de los impuestos se los llevan otros. Tal vez haya que leer y escuchar un poco más a El Obrero.  

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