Opinión

Se ahogó en la laguna “Santos Morcillo”, a las cuatro de la tarde, el veintinueve de junio, de mil novecientos sesenta y seis

Salvador Jiménez Ramírez | Viernes, 30 de Julio del 2021

Acababa de entrar el solsticio de verano o boreal y como solía decirse en muchos pueblos manchegos: “había llegado el tiempo de los baños…”. Aquel día, en que los pastores “cambiaban de amo”, en estos “contornos” se festejaba “San Pedro  de los Pastores”. Se solemnizaba  con gran acervo y veneración al apóstol… Aunque ya no pervivía la costumbre de, festivamente, presentar algún ganado; los mayorales asistir a misa; repartir bocados de queso y requesones a los chavales y ancianos y tocar el pandero, si perduraba cierto rito festivo- gastronómico; sobre todo en las ruralías entre las familias de rabadanes. La gente salía al campo en armonía y jovial algarabía, donde preparaban y consumían viandas; principalmente guisados con carne de oveja y cabra. Y como si de una gran familia se tratara, comían, bebían, cantaban,  y danzaban hasta que el día languidecía…


El veintinueve de junio de mil novecientos sesenta y seis, el margen derecho de la laguna “Santos Morcillo”, (o “Santo Amorcillo”, como la designaban muchos lugareños), en la zona del “Quiosco de Aniano”; vecino de Ossa de Montiel, que había pergeñado con palos y zarzos aquel primer “chiringuito-sombrajo” de la ribera Altoguadianera, estaba atestado de fiesteros, venidos de pueblos comarcanos, encaramados y apelotonados en remolques de tractores, camionetas y pequeños camiones… Los turismos de visitantes más exóticos serían una media docena.  Los tractores, con sus remolques, fueron el primer transporte colectivo que se conoció en “las Lagunas de Ruidera”. Aquel primitivo porteo colectivo, permitía a las clases inferiores de poblaciones manchegas, arribar a parajes como el del Alto Guadiana; lugar que unos pocos “veraneantes” acomodados visitaban (y acaparaban)  con medio de transporte propio, más rápido y confortable… ¡Cómo han cambiado los medios y los tiempos…!    

  Eran los tiempos del arranque de la “industria sin chimeneas…”, en el Alto Guadiana… La sociedad “proletaria”, empezaba a acudir, atropelladamente, en aquel entonces; (en el entorno habían predominado la “aristocrática” y la “burguesa”; acaparadoras del dominio público hidráulico, entrambas)  predominantemente  familias y hombres jóvenes… Aquel día veintinueve de junio, mezclados con los fiesteros-turistas,  había varios mozuelos de la aldea de Ruidera; todos excelentes nadadores, entre ellos: Julián Mayordomo y Francisco Álamo.  “En torno a las cuatro de la tarde, —nos detalla Julián Mayordomo, ya septuagenario—  el montón de gente se empezó a soliviantar al observar un bulto, quieto, flotando, más o menos, en mitad de la laguna, parecido a un cuerpo humano; como así lo confirmó uno de los turistas que miraba con unos  prismáticos… Francisco y yo y alguien más nos tiramos al agua, rápidamente, pero al llegar donde estaba la persona, estábamos que ya no podíamos más y tuvimos que pedir ayuda…: entonces llegó nadando hasta nosotros un hombre con la cámara de un vehículo,  inflada y por fin, penando lo nuestro, como pudimos, sacamos al ahogado a la orilla, ya muerto; decían que por un corte de digestión…”.


  Por la crónica del suceso, que meses más tarde publicó el periodista natural de la población de Manzanares, avecindado en La Solana, Miguel García de Mora y por los datos facilitados por don Rafael Mora Alcázar, encargado del Registro Civil de Ossa de Montiel, que tanto está contribuyendo a “rellenar multitud de vacíos” de nuestra historia reciente, hemos compilado que el occiso fue José Granada Fornieles, de cincuenta y nueve años, viudo,  natural de Linares (Jaén) y la causa de la muerte: “Asfixia por Sumersión”. El enterramiento se realizó en el cementerio de Ossa de Montiel, ya que sus dos hijos: Alfonso y José, mayores de edad—se decía— “no disponían de dinero para trasladar el cadáver hasta Linares…”. Por el artículo de Miguel García de Mora, también compendiamos que el hombre que ayudó a los “mozos” de Ruidera con la cámara de un camión, fue José Martos Garrido, amigo del señor José Granada y las instantáneas de la tragedia, fueron tomadas por el señor Miguel López Jaime.

  A la zona de playa de la laguna “Santo Amorcillo”, junto al “Quiosco de Aniano”, se le llamó: “Playeja de Benidorm”… Las “Villas” crecían en la ribera y los “Óvalos” lacustres más accesibles, se comenzaban a abarrotar de “dominicales”; muchos venidos ya en autobús; utilizándolos para guachapear  en fin de jornada; colmando sus deseos de… “¡Libertad!”… 

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