Opinión

La autodeterminación no está contemplada en la Constitución

Fermín Gassol Peco | Miércoles, 10 de Abril del 2024
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Comentaba nuestro presidente autonómico hace unas fechas que las actuaciones del partido político de Puigdemont podían calificarse de chantaje, lo cual es una verdad gruesa, es decir, sin detallar o pormenorizar.

Al hacerlo, lo primero que resulta evidente es el hecho de que para que un chantaje pueda materializarse han de confluir dos voluntades; la de quien chantajea y la de quien lo acepta.

La segunda premisa reside en los motivos por los que existe ese chantaje. Los hay que ponen en juego la vida de personas siendo tan delicados y graves que merecen ser tratados al margen de todos los demás.  Luego están los chantajes económicos, aquellos ejercidos en relación con la revelación de secretos de todo tipo y los chantajes políticos casi siempre con la intención de lograr, mantenerse en el poder logrando mutuos y exclusivos beneficios, sin pararse en analizar si lo van a ser o no para la generalidad.

El chantaje al que se refiere García Page y no es el único, tiene que ver con éste último. Pedro Sánchez lo acepta, sabiendo desde el primer momento su contenido y dimensión, su último objetivo. En realidad se trata de chantajes sucesivos en los que la voluntad del chantajista siempre se impone. La redacción de la amnistía ad hoc, es su ejemplo más trasparente.

La tercera premisa está en las intenciones por las que ambas partes aceptan el chantaje. Las de Puigdemont resultan invariables, simples y claras: lograr la independencia. Sin embargo las de Pedro Sánchez aparecen mucho menos claras y por lo tanto inciertas y difíciles de adivinar. Dirán no pocos, yo mismo, que para mantenerse en la Moncloa, algo que resulta palmario; sin embargo creo que existen otras de más calado y diferidas en el tiempo; de lo contrario, resultan difíciles de comprender tantas descalificaciones a la que el político fugado somete a nuestro presidente y por extensión al gobierno de la nación, desmintiendo las bondades que este chantaje procura al pueblo español.

En la mente de Pedro Sánchez, en sus continuos cambios de actitud, eufemísticamente llamados de opinión, en la falta de trasparencia de todo lo relacionado con el asunto catalán, aparece una constante: dar legitimación a todas sus concesiones; para ello, está obligado a controlar el poder judicial y vestirlas de constitucionalidad.

Sin embargo, en este chantaje, el último objetivo, ya sabido y recalcado ayer en el Senado, es la autodeterminación. Algo que resulta imposible de aceptar por resultar explícitamente contrario a nuestra Carta Magna. La autodeterminación va a traer con toda probabilidad la explosión de ese globo que están hinchando Puigdemont y Sánchez,  mantenido y agarrado por ambos y si no, al tiempo.  Un problema que es mucho mayor para Pedro Sánchez pues en este caso no tiene capacidad de realizar ningún movimiento.

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