Nuestra Región castellano manchega presenta una gran extensión; nada
menos que casi ochenta mil kilómetros cuadrados, lo que supone el quince
por ciento del territorio nacional. Y dentro de este enorme recinto,
una multitud de lugares, paisajes y localidades
monumentales, bellas, pintorescas y preciosas que nadie debería dejar
de visitar. Quien escribe lo está haciendo desde hace tiempo y puede
certificarlo.
Enumerar todos nuestros lugares sería tarea interminable, pues en cada
palmo de terreno podemos encontrar el sentido propio de nuestra tierra
castellano manchega. Desde Guadalmez y Alamillo hasta Molina de Aragón y
Sigüenza; desde Oropesa a Hellín y Almansa;
desde Seseña a Venta de Cárdenas…casi mil localidades siembran de
historia, colorido paisajístico y riqueza cultural, literaria,
arquitectónica, civil y religiosa, también gastronómica la tierra de D.
Quijote.
Y lo más preciado de todo, la nobleza de la gente que los habita, su
sencillez y cercanía cuando les preguntas sobre cualquier extremo como
me sucedía el pasado domingo, escuchando las explicaciones de un vecino
de Sacedón ante la espléndida estampa del embalse
de Entrepeñas vertiendo al de Buendía, algo que no sucedía hacía casi
treinta años.
Estas líneas no tienen otra pretensión que publicitar y animar a quienes
las lean para que dediquen a conocer nuestras raíces, cultura y
paisajes con llanuras interminables, sistemas montañosos, paraísos
fluviales. Castilla La Mancha es grande, muy grande,
no sólo en extensión, también en la profundidad que otorga la historia y
el legado de nuestras gentes. No dejemos de conocerla. Ella nos está
esperando.
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