Opinión

Volverme a casar

Juan Romero Gómez | Viernes, 23 de Enero del 2026
{{Imagen.Descripcion}}

Durante mucho tiempo juré que no lo haría. No por falta de amor, sino por exceso de cansancio. Cuando un matrimonio se rompe, no solo se rompe una historia: se resquebraja la idea que teníamos de nosotros mismos. Yo Salí de la mía con la sensación de haber fallado en algo, como si el amor fuera un idioma que había hablado mal durante años.

Después vino el silencio. Ese tiempo roto en el que una aprende a dormir sola, a ordenar recuerdos sin tocarlos demasiado, a reconstruir la vida con gestos pequeños: una taza de café, una caminata sin rumbo, una noche en calma. Me prometí no volver a prometerme. No volver a creer a ciegas. No volver a empezar.

Y entonces él apareció. No llegó como llegan las películas, sino como llegan las cosas importantes, sin hacer ruido. No venía a salvarme ni a completar nada. Venía entero, con su propia historia, sus propias heridas cicatrizadas a medias. Nos reconocimos sin urgencia. Como si el corazón, más sabio que la cabeza, hubiera dicho: aquí puedes descansar.

Amar después de un matrimonio roto es un amor distinto. No es ingenuo, pero tampoco cínico. Es un amor que pregunta, que escucha, que ni exige perfección. Un amor que sabe que el para siempre no se grita, se construye. Día a día. Con paciencia y con verdad.

Con él no siento la necesidad de demostrar nada. No hay prisa. No hay máscaras. Hay conversaciones largas, silencios cómodos, manos que se buscan sin miedo. Hay una ternura adulta, consciente, que no necesita `promesas grandilocuentes para sentirse segura.

 Y por eso, casi sin darme cuenta, he pensado volverme a casar. No desde la ilusión desbordada, sino desde la calma. No para borrar el pasado, sino para honrarlo. Porque todo lo que viví ¿lo bueno y lo malo? me trajo hasta aquí. Por qué ahora sé que amar no es garantizar que nada duela, sino elegir quedarse incluso cuando duele un poco.

Volverme a casar no es repetir la historia, es escribir otra con una letra más honesta. Es decir, sí sabiendo que el amor no es un refugio eterno, sino un lugar al que se entra cada día con respeto. Es elegir a alguien no por necesidad, sino por deseo. 

Quizá la verdadera suerte no fue que mi matrimonio terminara, sino que no me cerré después. Que me permití volver a sentir. Que confié otra vez que entendí que el corazón no se gasta por amar, se marchita porno hacerlo. Hoy no prometo eternidades.  Prometo presencia. Prometo cuidado. Prometo verdad. Y eso, ahora lo sé es la forma más hermosa y valiente de volverme a casar  


121 usuarios han visto esta noticia
Comentarios

Debe Iniciar Sesión para comentar

{{userSocial.nombreUsuario}}
{{comentario.usuario.nombreUsuario}} - {{comentario.fechaAmigable}}

{{comentario.contenido}}

Eliminar Comentario

{{comentariohijo.usuario.nombreUsuario}} - {{comentariohijo.fechaAmigable}}

"{{comentariohijo.contenido}}"

Eliminar Comentario

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
  • {{obligatorio}}