Con la frente fruncida, la mirada triste y el andar lento ha llegado mi amigo en esta tarde fría, ventosa y dolorida.
Hoy quedan en segundo lugar los cafés y nuestro buen humor.
Recordamos más con la mente que con las palabras a los familiares desolados por la muerte atropelladora y maldita.
Falta fuerza a los adjetivos en el inútil intento de calificar y recitar tanto dolor.
Decía el sacerdote del pueblo que no había visto nunca tanto dolor en tan poco espacio.
Muertos, heridos, amputados, niños, jóvenes, mujeres, hombres y a la cabeza un luchador de 27 años conductor del convoy.
Tantas historias, angustias, noticias negras, trágicas cuanto más tarde se recibían.
Llantos, gritos desesperados y gente corriendo desesperada…
Al escenario del horror se asoman los políticos dándose codazos, estirando las cabezas y fingiendo desconsuelo ante las cámaras y los focos de propaganda.
De nuevo las explicaciones mentirosas, las razones vestidas de falacias y las excusas asesinas con manto negro de muerte.
El pueblo, la gente sencilla, se afana, se agita y se multiplica regalando ayuda a manos llenas, abrazos y hombros en los que llorar.
Pero la tierra sigue girando y no valen componendas, no existen excusas con vestido de cumplimiento oficial.
Los falsos gritos de los políticos suenan a ladridos de perros en medio de la noche, asustando sombras.
Ciri más racional y práctico que yo con mirada doliente me pregunta:
—Amigo, cuando en tu casa tienes problemas de fontanería ¿a quién llamas?
—Naturalmente que a un fontanero —respondo con cierta extrañeza, porque no encuentro la conexión entre nuestros pensamientos de antes y esta idea del compañero.
—Y si te doliese algo, digamos estómago, el pecho… ¿qué determinación tomarías?
—Es de lógica que iría a mi médico. Pero, por favor explícame a qué vienen estas preguntas, no veo el final de tu discurso.
—No te exacerbes y responde a otra pregunta. ¿A quién te dirigirías si quisieras construir la casa de tus sueños?
—A alguna empresa de construcción en la que tuviera confianza por su trayectoria de buen hacer.
—Perfecto. Al momento vas a comprender la lógica de mis preguntas: Según el objetivo que necesites así te dirigirás a un técnico que pueda llevar a cabo tu necesidad. Pero… nunca se te ocurriría llamar para esa función al alcalde ni al cura ni a ningún concejal y menos si es político de oficio y sueldo.
—Eso puedes afirmarlo con claridad meridiana —respondo al compañero con total convencimiento.
—También sería lógico que al frente de los ministerios de un gobierno sea de la nación que sea, estuvieran técnicos perfectamente preparados, que los hay y con muy alto nivel, para los menesteres que cada una de esas carteras precisara. Por ejemplo: Para el Ministerio de Educación necesitaríamos un conjunto de especialistas contrastados y con experiencia sobrada. Para el Misterio de Trasportes y Movilidad Sostenible (con el gobierno actual todo título debe llevar el adjetivo “sostenible” como si fuera una póliza en documento oficial), pues lo mismo, y así en todos.
—Recapacitando un poco, es muy cierto que en la mayoría de los países que conozco son políticos de los distintos gobiernos, los que ocupan los sillones pertenecientes a los intelectuales que refieres.
—Estos ejemplos que he traído a la memoria no son míos son de un señor que se llamó Platón, discípulo de Sócrates, preceptor de Aristóteles y que vivió en Atenas en el siglo IV a. C. En su libro “La República” y también en “Gorgias” (diálogos) fue muy crítico con el sistema de gobierno llamado Democracia (gobierno del pueblo) en el cual votan (por lo tanto con poder para decidir) tanto las personas absolutamente ignorantes como los entendidos, formando un conglomerado amorfo que se mueve entre impulsos instintivos, emocionales e irracionales, que desembocan en una demagogia, hoy la entendemos como populismo.
—Acepto de buen grado la lección de discernir quién conviene para qué función sea sencilla o de gobierno de naciones, en lo que no estoy de acuerdo es con la crítica a la Democracia de Platón, habría que explicar bastantes aspectos y temas escabrosos.
—Pues entonces —responde Ciri con su faz de razonador— te ofrezco otro modo de gobierno también idea de Platón: La Aristocracia.
—No fastidies, Ciri, abogas porque nos gobiernen condes, duques, marqueses y demás elementos pertenecientes a la nobleza. No te creo.
—Cuando el discípulo de Sócrates habla de la Aristocracia se refiere al gobierno de los mejores, los más preparados, que ese es el significado de la palabra griega “Aristos”. Como en muchas universidades y en infinidad de empresas, los más preparados son los que mayores responsabilidades soportan. Cosa que no ocurre entre los políticos nacionales y extranjeros.
El final de nuestra reunión no disfruta de las consabidas copas de mistela, las cambiamos por unos minutos de silencio pensando en las víctimas de los últimos accidentes ferroviarios y sus familiares, con dolor, rabia y la decisión de que hay que cambiar el sistema que nos esclaviza.
En un momento Ciri comienza en voz baja a rezar el Padrenuestro, yo lo acompaño.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Viernes, 23 de Enero del 2026
Sábado, 24 de Enero del 2026
Sábado, 24 de Enero del 2026