El pasado sábado fue el día del periodista. Se celebra el 24
de enero, fecha en la que los cristianos conmemoran a San Francisco de Sales
—patrón de escritores y periodistas a la sazón—. Recomendaba el Doctor de la
Iglesia “ten paciencia con las cosas, pero sobre todo contigo mismo”. Una
máxima necesaria en este mundo de la información, especialmente en los abruptos
tiempos que corren, llenos de obstáculos en el camino de los plumillas. Este
oficio nuestro necesita esfuerzo, sacrificio, perseverancia… y una personalidad
de hierro para no dejarse doblegar
Como fue un comunicador nato, no en vano utilizaba folletos
manuscritos para difundir la fe, el santo sabía diferenciar perfectamente la
locución adverbial “sobre todo” del abrigo hasta los pies que se pone encima de
la ropa, el “sobretodo” que tanto se propaga en estos tiempos.
Celebramos el día del periodista como hacemos habitualmente,
trabajando, intentando como el santo saboyano, informar en base al respeto y a
la claridad. Teníamos una intensa agenda ese sábado, deporte, ballet en el
Marcelo Grande y un acto (el último antes de la clausura) del 450 Aniversario
de la parroquia de la Asunción, antes, a las cinco de la tarde.
Un sacerdote de Valdepeñas, párroco del Cristo de la
Misericordia a la sazón, que ha alcanzado mucha notoriedad en las redes
sociales, en Tik Tok sobre todo, con sus homilías y sermones, iba a pronunciar la
conferencia «De una iglesia de mantenimiento a una iglesia misionera». Con la
intención de poder acceder al ponente y que este me hiciese unas declaraciones previas
a su charla —lo que se conoce como “canutazo” en el argot periodístico— me
acerqué un poco antes a la casa de la Asunción. Aunque tenía intención de
escucharla entera, quería estar preparado por si tenía que abandonar el acto
para poder llegar en hora al Marcelo Grande.
Le pregunté al cura —grabadora en mano— por el contenido de
la charla, por su popularidad y, por último, le hice notar a modo de cuestión, y
para que se luciese, todo hay que decirlo, que tenía “locos a sus seguidores”
dado que no sabían donde ubicarlo, si en el lado más conservador o en el más
social de la iglesia. Uno, que es perro y también viejo, prácticamente sabía de
antemano la respuesta que el clérigo iba a dar (no es posible otra), que él es
de Cristo y no de otra cosa.
Escuché la charla, tomé mis notas y escribí la crónica —a
eso es a lo que había ido— que, por cierto, me costó casi toda la mañana del
domingo. Misericordia fue la palabra que más se repitió, no solo es el nombre
de la parroquia, también es la seña de identidad de esa comunidad y “nuestra
forma de vivir la fe”. El sacerdote habló de evangelización, de fraternidad, de
acogimiento, de unción, de encuentro de misión…
La misericordia es, seguro que lo saben nuestros lectores, además de una novela de Galdós, el atributo principal de Dios que perdona el pecado y alivia el sufrimiento y llama
a los creyentes a practicar la compasión, la paciencia y el perdón. Algo
—misericordia— que, sorprendido, no
encontré en el vídeo que un amigo me hizo llegar a través de WhatsApp con la homilía
del domingo del presbítero señalado. Comenzaba banalizando este medio y esta
ciudad “es un periódico de Tomelloso que no creo yo que llegue muy lejos”. Para
señalar que el periodista (“que me pilló, así como de pistola porque nunca doy entrevistas”)
le hizo “una pregunta con mu mala uva”. Parece ser que, a juicio del párroco,
la pregunta de este plumilla, la de su ubicación digamos ideológica, “pretende
dividir a los cristianos” y colocarnos a todos “en izquierdas o derechas”.
¡Vaya juicios de valor con tan poca piedad! Santiago, ese apóstol
de “izquierdas” y tonante, hijo del trueno, defiende en su carta que “la
misericordia triunfa sobre el juicio". Tomelloso es una ciudad respetable
y respetada y La Voz, gracias a la tecnología que le ha dado notoriedad al
clérigo, llega a cualquier parte del mundo donde haya una conexión a internet.
Y poco conoce el sacerdote a este plumilla si cree que le va a hacer una
pregunta para dividir a los cristianos. Te la hice, padre —ahora sí me dirijo a
ti— para que dejases claro eso que predicabas el domingo, que eres, por encima
de todo, de Cristo. Pero para que lo pudieses afirmar así de rotundo, era
necesaria una pregunta previa.
Otra de las sentencias de San Francisco de Sales (como buen
comunicador las tenía a tutiplén) es clara: “si os halláis precisado a oponeros
al dictamen de otro, hacedlo”. Claramente me opongo a esos juicios injustos (y sin haber leído la crónica de acto). Aunque, por cerrar este artículo en
positivo, me alegra haber ayudado a componer una homilía para ser pronunciada
en el “púlpito” más mediático.
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Viernes, 9 de Enero del 2026
Miércoles, 28 de Enero del 2026
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