España buscará el próximo domingo su segunda estrella en la final del Mundial ante Argentina, una selección que ha protagonizado épicas remontadas, que tiene un gen competitivo y ganador y tiene al eterno Leo Messi para resolver cualquier apuro. Y aún reconociendo las virtudes de la albiceleste, los de Scaloni lo tendrán complicado ante una selección que fue de menos a más en el campeonato, exhibiendo fortaleza en todas sus líneas y que deja en la cuneta a la considerada gran favorita; una Francia plagada de figuras que causó sensación en casi todos los partidos….menos el de España que supo contrarrestar todas sus potencialidades y virtudes. Tras el empate en el primer duelo ante Cabo Verde, que arrojó exageradas dudas en algunos opinadores televisivos que yerran más que hablan, España fue creciendo y tumbó a Arabia Saudí, a la Uruguay de Valverde; a la Austria de Sabitzer, a la Portugal de Cristiano; a la Bélgica de De Bruyne y Courtois y a la Francia de Mbappé, Dembelé, Olises, Barkolá….¡casi nada!.
Solidez defensiva. Luis de la Fuente encontró equipo, cambios, variantes e identidad de juego. Estamos ante una selección de autor que debe mucho al trabajo del técnico. Apostó por un portero de garantías, experto y solvente como Unai Simón que se irá de Estados Unidos con un record de imbatibilidad que tardará tiempo en superarse. Lo protegió una defensa de cuatro formada por Pedro Porro, Cubarsí, Laporte y Cucurella, que demostró un gran compromiso defensivo, compenetración, fortaleza en los duelos y talento para armar el juego desde atrás, especialmente, los centrales que se mostraron exquisitos en la salida con la pelota. Los laterales, como decía el gran Luis Aragonés, resolvieron con nota lo que primero deben hacer: defender a los extremos rivales, y después atacar con un talento que les llevó a dar pases de gol o marcarlos directamente. Dos lleva en su haber un espléndido Porro.
Talento en el medio e inteligencia arriba. En el medio, un Rodri imperial, compartió labores de organización con Pedri, que acabaría perdiendo la titularidad en beneficio de un magnífico Fabián. Pero aún lejos de su mejor nivel, Pedri sigue aportando en esta selección que también ofrece argumentos en las bandas, con un Lamine Yamal que ha ido acercándose a su mejor versión con el paso de los partidos y un Alex Baena, que no contaba en las quinielas previas para ser titular, y ha ofrecido un buen rendimiento como interior y extremo, metiéndose muchas veces por dentro para dejar vía libre a las incorporaciones de Cucurella o jugándose el uno contra uno cuando recibía más pegado a la cal. Recueros diferentes en las bandas, que han dado riqueza y variedad al juego de los nuestros.
Por delante, quedó Dani Olmo como enganche, todo un derroche de pundonor y talento que le permitió asociarse en paredes, sobre todo, con un gran Oyarzabal, el jugador realista que es pura inteligencia futbolista para desmarcarse, encontrar los mejores lugares de remate, realizar maravillosos controles orientados y elegir siempre la mejor opción.
Cambios que aportaron. Y a los buenas prestaciones de un gran once, se añadieron unos cambios que sumaron ¡y de qué manera! Merino con goles decisivos en los últimos minutos; un Ferrán Torres que es mejor futbolista de lo que muchos creen, no es de extrañar que Luis Enrique lo quiera incorporar a las filas del PSG; un Nico Wiliams que ha llegado con problemas físicos, pero que se ha ido contagiando del buen tono del equipo; un Marcos Llorente que puede anular a cualquier futbolista por su velocidad y fuerza. Los que jugaron poco o nada: los otros dos porteros, Borja Iglesias, Pubil, Grimaldo, Víctor,Gaby, Jeremy Pino….han tenido que asumir un rol duro, a pesar de ser también excelentes jugadores.
Con la presencia en la final, empezarán las odiosas comparaciones con aquella selección de Del Bosque, maquinada antes por Luis Aragonés, que fue campeona del mundo en el 2010 en Sudáfrica. Los jugadores son otros, los rivales y también las circunstancias para ponerse a la par de aquel equipo único e irrepetible. Lo que no ha variado es la apuesta por ese estilo de cuidar la pelota, con apoyos constantes y circulación rápida de balón que acaba siendo una pesadilla para los rivales, la presencia de futbolistas llegadores que son indetectables para las defensas y esas pequeñas sociedades de futbolistas en todas las zonas del campo que permiten superar los mecanismos de presión del rival. Lo sabe bien Francia y ojala lo acaben sintiendo en sus carnes los argentinos, el último obstáculo para que el fútbol español eleve al cielo su segunda copa dorada.
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Viernes, 17 de Julio del 2026
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