"El amor es paciente, es dulce y
bienhechor, el amor no tiene envidia, no obra precipitadamente, no se
ensoberbece, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, no es
ambicioso ni busca sus intereses, no se alegra, se complace con la verdad, a
todo se acomoda, a todo se compromete, cree todo el bien del prójimo todo lo espera
y lo soporta todo."
Debemos repasar casi a diario el canto al
amor de San Pablo, si no es así reducimos el amor a casi nada. Si no ponemos en
práctica todos esos "dones" no saboreamos esa plenitud, esa felicidad
que nos produce amar sin intereses. Amor por amor, no por egoísmo, hacer
felices a los demás, no esperar que todos estén pendientes de mí, preocuparnos más
de las necesidades de los demás supliendo los disgustos que no podemos evitar
con cosas agradables, detalles, delicadezas, pequeñeces envueltas en entrega,
dulzura... ¿Cómo puedo ser dulce si me amarga aun aquel desaire de hace tanto
tiempo?... ¿si guardo el rencor de algo que esperaba y no llegó?
Si mi corazón no está limpio no puede
generar amor limpio, sin mezcla de rencores, amarguras, perezas, mentiras, todo
eso es lo que mata el amor. No es fácil irlo limpiando, pero es nuestro deber
intentarlo, luchando día y noche hasta conseguirlo.
Todo esto puede sonar a "romanticismo" a “demasiado bonito" puede incluso parecer estupidez y locura, pero lo que si es cierto es que con un amor así (digan lo que digan) el ser humano encuentra el equilibrio psicológico, su madurez humana, su razón más honda y significativa de vivir, su alegría, el sentido festivo de la vida, ¡la felicidad verdadera!
Manoli Jiménez
Sobrino
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Jueves, 1 de Octubre del 2026
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Viernes, 2 de Octubre del 2026
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