Opinión

El secreto de las cajas rápidas en las grandes superficies

Fermín Gassol | Domingo, 26 de Noviembre del 2023
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Hace unos días fui a realizar una pequeña compra en una gran superficie. Como además el lugar me pillaba de paso, el ahorro no se vio mermado con el gasto del trasporte. Era cosa de unos minutos, vamos que iba a tiro hecho. Aun sabiendo que ese día el enorme supermercado estaría a tope decidí entrar, pensando que para evitar largas esperas están las cajas rápidas. 

Recogida en un santiamén la precaria mercancía, sin picar en la compra de otras cosas que no son necesarias y que ese día se encontraban más caras de lo habitual, me dirigí a una de esas cajas cuyo objeto hasta ahora no entendía del todo pero que desde hoy comprendo de sobra. Que hasta entonces pensaba que una caja rápida era algo que iba en contra de los intereses del comercio ya que si bien facilitaba una mayor rapidez en el pago era a costa de comprar menos cosas, lo cual no tenía lógica ¿o acaso sí?  

 Posicionado ante "la caja para prisas" con la rapidez que de ella esperas observé con alivio a una pareja de amigos que llegaban a la nutrida cola de la caja siguiente con el carrito hasta arriba; el marido empujando y la mujer sujetando las botellas por si acaso se caían; nos saludamos con la mueca que utilizamos para estas ocasiones y viendo el volumen de carga le comenté, mucho acarreas, yo vengo a cosa hecha. 

 Tenía delante de mí a tres clientes con "cuatro" cosas, pero al terminar la conversación observo que la breve fila donde estaba permanecía sin moverse, que en mi caja algo fallaba. La cajera, acaso novata, pasaba una y otra vez por el lector unas zapatillas, las miraba y remiraba, no sé si las olía o es que veía poco, para acabar tecleando el chorro de números de la barra identificativa sin que aquello funcionara; llamada a la caja principal. La encargada cogió las zapatillas, se las llevó; mientras, la cajera en cuestión siguió pasando las dos compras restantes; después de esperar un rato largo las zapatillas por fin pasaron el control. 

El cliente siguiente llevaba una caja con un chivato de los que hay que desactivar, no parecía que hubiera peligro en realizar la operación pero la cajera tomó sus precauciones. Buscó en su mostrador algo idóneo para proceder; buscando y rebuscando sin encontrarlo termina pidiéndoselo a la compañera de al lado que ya estaba atendiendo al conocido que había saludado. Hace un ratito yo le llevaba dos cuerpos de ventaja y en un momento él me saca medio. Sonrisa de comprensión y encogimiento de hombros por su parte. 

Y la guinda; al ir a pagar el cliente, que me antecedía, su monedero dio con las monedas en el suelo. Y las monedas juguetonas se pusieron a correr por el recinto, cada una por un lado. Y la empleada buscando y diciéndole, mire, allí hay una...y por allí hay otra.  

Mientras tanto mi amigo y su mujer, con el carrito cargado de bolsas para media España, diciéndome un hasta luego con el aire triunfador de quien ha cruzado antes la línea de meta, en este caso de cajas.  

Desde ese momento comprendí el sentido de las llamadas cajas rápidas; las ponen para que los clientes  huyamos de ellas y así compremos más. Técnicas sofisticadas de sicología comercial. 

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