Cuevas

Vestigios de la antigua viticultura en la cueva de Santiago González Laguna

Carlos Moreno | Viernes, 3 de Mayo del 2024
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Disfrutamos viendo la vetusta cueva de Santiago González Laguna en la calle Montesa, en pleno corazón de Tomelloso. Una construcción que pudo realizarse en torno a los años 1860 y 1870 y que contiene muchos elementos que nos transportan a aquella lejana viticulturan, de tanta entrega y sacrificio, que partir de finales del XIX provocaría el despegue económico de la ciudad. 

A la vez que nos da la bienvenida, Santiago, conocido maestro de Tomelloso que enseñó a generaciones de alumnos en el colegio José Antonio, explica que la casa ha sido siempre de la familia y que sus antepasados; su abuelo y su padre, elaboraron vino en la cueva. Originariamente, el inmueble era de mayores dimensiones, pero hubo una participación que también afectaría a la cueva. Antes de acceder a su interior nos cuenta que el jaraíz ocupaba una parte de lo que hoy es la cochera y que la cueva se construyó, primero,  perpendicularmente a la línea de la fachada, pero en una ampliación posterior se hizo en paralelo a la calle. 

La obra realizada hizo que se modificara la escalera de entrada que, en su primer tramo, era más ancho, de hecho, por ahí se introdujeron algunas tinajas de barro. El primer elemento que delata su antigüedad es la canaleta que discurre en uno de los lados de la escalera. La canaleta era el conducto que conducía el mosto a cada tinaja. La anchura de la escalera va aumentando, presentando unos peldaños redondeados por el paso del tiempo. Ya en la cueva vemos que está reforzada con dos pilares, uno de ellos ha quedado disimulado en el interior de una tinaja, en una solución muy original.

La cueva mide algo más de 13 metros de largo y 6 metros de ancho. La altura libre alcanza los 3,85 y hasta el acerado de la calle mide 6,20 metros.  

El propietario descubre la ubicación de un pozo que recogía el mosto que se derramaba cuando una tinaja reventaba. La cueva alberga once tinajas, alternando las de cemento con las de barro que se fabricaban en Villarrobledo. Éstas tienen una capacidad de 250 arrobas, mientras que las de cemento oscilan entre las 350 y 400 arrobas. La existencia de los dos tipos de tinajas explica que los desgarres de las lumbreras también sean diferentes; uno de de forma piramidal más estrecho y otro, mucho más ancho, de forma circular. Ambos se han reforzado con vigas.

El techo está en la tosca y presenta la misma tonalidad terrosa que las paredes. La cueva alberga una curiosa colección de baúles y nos llama la atención un viejo palo que de allegar mies que se conserva en muy buen estado. También hay una pequeña tinaja que pudiera ser la del gasto o consumo familiar y que, según explica José María Díaz, también se solían utilizar para elaborar lejía. 




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